viernes, 29 de noviembre de 2013

Esquina al puente

... y justo antes de cruzar desde la velocidad del 60 que me lleva rutinariamente a mi casa después de una larga jornada de trabajo, la veo, como todos los días... a veces es un instante, otras el colectivo se detiene por el semáforo de la esquina o por el congestionamiento típico de la hora y es entonces cuando puedo observarla mejor.
Se humedecen mis ojos y es que hace tantos años que la miro en silencio: fascinada; la vi cambiar de colores en un atardecer de verano, la vi iluminada por faroles en las noches de invierno, perdiéndose entre la neblina; me extasié con ella en el sol de la mañana pero siempre de lejos y en el mismo 60.
No encuentro razones, no las hay... he visto miles como ella, más lindas incluso, más accesibles, más luminosas, más grandes. Me he cruzado con una infinidad de su clase a la vuelta de la esquina, en mi barrio o en el mundo... pero ella es única.
O será? Tal vez? puede ser y la melancolía gana el alma. Casi no me atrevo a pensar que esa esquina de Palermo es única porque una noche de invierno te descubrí mirándola tan extasiado como yo.

El semáforo en verde y pasando el puente me persigno delante de la iglesia y sigo dormitando mi viaje, soñando que la caminamos juntos.

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