... y justo antes de cruzar desde la velocidad del 60 que me lleva rutinariamente a mi casa después de una larga jornada de trabajo, la veo, como todos los días... a veces es un instante, otras el colectivo se detiene por el semáforo de la esquina o por el congestionamiento típico de la hora y es entonces cuando puedo observarla mejor.
Se humedecen mis ojos y es que hace tantos años que la miro en silencio: fascinada; la vi cambiar de colores en un atardecer de verano, la vi iluminada por faroles en las noches de invierno, perdiéndose entre la neblina; me extasié con ella en el sol de la mañana pero siempre de lejos y en el mismo 60.
No encuentro razones, no las hay... he visto miles como ella, más lindas incluso, más accesibles, más luminosas, más grandes. Me he cruzado con una infinidad de su clase a la vuelta de la esquina, en mi barrio o en el mundo... pero ella es única.
O será? Tal vez? puede ser y la melancolía gana el alma. Casi no me atrevo a pensar que esa esquina de Palermo es única porque una noche de invierno te descubrí mirándola tan extasiado como yo.
El semáforo en verde y pasando el puente me persigno delante de la iglesia y sigo dormitando mi viaje, soñando que la caminamos juntos.
viernes, 29 de noviembre de 2013
miércoles, 27 de noviembre de 2013
La última flecha
desde el alto cielo sus flechas lanzo
y a mil corazones hiriendo encendió
de dulces pasiones, de versos de amor.
Las flores del campo de aromas colmo
para aquel caballero en galante acción
le ofrezca a su dama real protección.
Se sonroja ella en trémulo rubor
y las mejillas esconde entre lirios en flor.
Del celeste las aves se siente el candor
cómplices unidas al ciego juguetón
que a todos hechiza con flechas de amor,
dejando a su paso suspiros en son.
Pero... pasa a mi lado pidiendo perdón,
la cabeza agacha con resignación
y mueve mi alma a compasión;
el pobre chiquillo vergüenza sintió
porque su última flecha en mi rebotó.
"No puedes pequeño, no insistas, no!
No existe quién pueda forzar el amor
y el mar tan inmenso que nos separó
no puede cruzarlo tu flecha de amor.
No llores pequeño, peor estoy yo!
Nunca fui princesa de cuento y pasión
nunca una doncella con voz de gorrión.
y si miras de cerca veras con horror
que llevo una piedra por corazón."
14 de febrero del 2012
martes, 26 de noviembre de 2013
Le hablo de usted
"Hablame de mi" me dijo en un error de sintaxis y con acento tan marcado que hizo escapar una risa de mis labios. Su mano entre la mía y París que se silenciaba de solo mirarle, el único café que alguna vez me dejo invitar y un cigarrillo compartido traído desde mi patria humeaban sobre la mesa del pequeño bistro en alguna calle perdida que nunca supo lo mucho que significó para mi.Y ahí estaba usted, con esa mezcla de muchacho inocente apenas convertido en hombre, acomodándose los lentes y sonriéndome satisfecho de su buen español.
"Le hablo de usted?" repliqué irónica como una maestra que corrige a un niño pequeño. Le hablo de usted: de esa forma tan irritante que tiene de hacerme sentir la única persona realmente viva en medio de una ciudad que parece dibujarse y cobrar vida a medida que caminamos por ella; le hablo de como mis manos no sabían que existían hasta que las tomo entre las suyas; le cuento que no existe nada en este mundo que me de tanto vértigo como mirarme en sus ojos y como me enternece el alma esa forma particular de retorcerse la oreja cuando tiene sueño; le cuento en voz baja y en confidencia el secreto mas grande que usted guarda y es que desconoce que esa sonrisa es un milagro.Y le hablo de lo mucho que he aprendido a su lado y de todo el camino que queda por recorrer.
Se sorprende primero, se sonroja después y finalmente decide revisar mentalmente sus lecciones de español.
El café en la mesa se enfrió y el cigarrillo se apago y ahora le agradezco yo a usted, su manera tan particular de nombrar a la segunda persona del singular.
"Hablame de mi"
Surge de una idea absurda, de algo que la mayoría de las personas hacemos (pero no admitimos): hablarle a alguien que no puede no quiere o no sabe escucharnos, sin que la tengamos enfrente y sin que pueda oírnos.
Da miedo pensar en todas esas conversaciones que se quedan en la mente y que tienen sentido solo para el que las crea... como muchas otras cosas.
Un día, algún día... y probablemente nunca, me pondré a escribirlas todas y haré un libro inmenso repleto de frases deshiladas, de momentos que se escondieron, de recuerdos que no significan más que eso: recuerdos; y algunos ni siquiera, de preguntas que me respondo como se me da la gana... y de mucho que nunca diré.
Hablame de mi, contame que te parezco, acá va uno, el primero...
Da miedo pensar en todas esas conversaciones que se quedan en la mente y que tienen sentido solo para el que las crea... como muchas otras cosas.
Un día, algún día... y probablemente nunca, me pondré a escribirlas todas y haré un libro inmenso repleto de frases deshiladas, de momentos que se escondieron, de recuerdos que no significan más que eso: recuerdos; y algunos ni siquiera, de preguntas que me respondo como se me da la gana... y de mucho que nunca diré.
Hablame de mi, contame que te parezco, acá va uno, el primero...
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