martes, 26 de noviembre de 2013

Le hablo de usted

               "Hablame de mi" me dijo en un error de sintaxis y con acento tan marcado que hizo escapar una risa de mis labios. Su mano entre la mía y París que se silenciaba de solo mirarle, el único café que alguna vez me dejo invitar y un cigarrillo compartido traído desde mi patria humeaban sobre la mesa del pequeño bistro en alguna calle perdida que nunca supo lo mucho que significó para mi.
               Y ahí estaba usted, con esa mezcla de muchacho inocente apenas convertido en hombre, acomodándose los lentes y sonriéndome satisfecho de su buen español.
                "Le hablo de usted?" repliqué irónica como una maestra que corrige a un niño pequeño. Le hablo de usted: de esa forma tan irritante que tiene de hacerme sentir la única persona realmente viva en medio de una ciudad que parece dibujarse y cobrar vida a medida que caminamos por ella; le hablo de como mis manos no sabían que existían hasta que las tomo entre las suyas; le cuento que no existe nada en este mundo que me de tanto vértigo como mirarme en sus ojos y como me enternece el alma esa forma particular de retorcerse la oreja cuando tiene sueño; le cuento en voz baja y en confidencia el secreto mas grande que usted guarda y es que desconoce que esa sonrisa es un milagro.Y le hablo de lo mucho que he aprendido a su lado y de todo el camino que queda por recorrer.
               Se sorprende primero, se sonroja después y finalmente decide revisar mentalmente sus lecciones de español.
                El café en la mesa se enfrió y el cigarrillo se apago y ahora le agradezco yo a usted, su manera tan particular de nombrar a la segunda persona del singular.

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